

Seres híbridos de una peculiar extravagancia en su condición de pez-humano, que denotan juventud y hermosura, y mantienen estos fabulosos rasgos desde sus orígenes en la mitología griega...
Una noche oscura ahogando penas,
quedó como espina, clavada en la distancia.
Muro de silencio…ante las circunstancias,
en el olvido, ríos de desesperanza.
Donde al amor, la pasión, y cosas bellas,
la hundieron sin remedio,la petulancia;
quedando un fino dolor en relevancia,
despreciando ese fuego, la ignorancia.
Lágrimas de amor que aún no están secas,
con sabor de amargura ante la vida;
ante el canto, ¿Qué falló a la esperanza?
Tal vez, el sol caprichoso fue nublado,
y obstinado, no brilló, todos los días;
quebrando el equilibrio en la balanza.
Canto de Sirenas, de José Francisco Jimenez Alonso.